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La mirada perdida, el desgano al comunicarse, la falta o desorden de palabras para armar un discurso que exprese coherentemente lo que se quiere transmitir, el desconocimiento propio y de quienes nos rodean, ansiedad, superficialidad, entre otros comportamientos son los acrecentados durante la pandemia, esto, debido entre otros factores, al aumento en el uso de las nuevas tecnologías.

Las redes sociales y juegos en línea, sumados a la tecnologización de las actividades de atención primaria como la educación o atención de salud, han aumentado sin duda nuestro tiempo de permanencia en el computador, celular, Tablet, etc, desviando nuestra atención de la posibilidad de vivir la vida “real” en tiempo presente.

Las largas horas de trabajo y su alta exigencia y productividad, han impulsado a que muchxs adultxs a cargo de niñes y jóvenes deban ausentarse (no sólo físicamente), dejando en manos de la tecnología la distracción necesaria para poder mantenerlos a “salvo”, “conectados” y/o “tranquilos”.

Sin embargo, son muchxs lxs mapadres que Llevan tiempo “luchando” contra el uso desmedido de la tecnología, estableciendo horarios y tiempo de permanencia, otorgando espacios de reflexión y conversación en torno a sus consecuencias, ideando otro tipo de actividades didácticas y lúdicas para mantenerlos “distraídos”, sin obtener los resultados esperados, cediendo ante el cansancio o la frustración de tener que lidiar con el poder de las redes.

En respuesta, una de las consecuencias más importantes, tiene relación con la disminución de los procesos creativos de niños y niña, opacando también las posibilidades de imaginar, replicando la realidad sin agregados ni cuestionamientos, desestabilizando la base de la capacidad para resolver problemas futuros y el espacio intangible de resguardo emocional que los acompañará a lo largo de su vida.  Los trastornos emocionales como la depresión infantil, la sobre reacción y agresión y problemas sensorio-motores, pueden ser la causa del déficit imaginativo, ocasionando graves consecuencias a la larga si no se corrigen a tiempo.

No cabe duda, que las nuevas tecnologías son herramientas útiles de trabajo, estudio o entretenimiento, sin embargo, su uso excesivo puede conducir a problemas graves de salud, más aún en niñes y jóvenes. Algunas consecuencias probables son; síndrome del túnel carpiano, daños cervicales, estrés visual, obesidad, insomnio, problemas de audición, adicción, entre otras.

Mark Prensky acuñó, en 2001, el término nativo digital para referirse a las generaciones nacidas, a partir de los años finales del siglo XX, inmersas en las nuevas tecnologías. En contraposición, definió a los inmigrantes digitales como aquellas personas pertenecientes a las generaciones previas al desarrollo de esas tecnologías y que debieron adaptarse a esa nueva situación, con mayores o menores dificultades, pero sin poder salvar enteramente la distancia con los más jóvenes en relación al desarrollo tecnológico.

En 2004, este autor identificó las áreas en que se observan diferencias entre los nativos e inmigrantes digitales; son, entre otras, las referidas a la comunicación, el aprendizaje, la socialización, la búsqueda de información, los juegos y las compras. Afirmaba que, por el uso de las TIC, la forma de pensar de las nuevas generaciones había cambiado y era diferente a la de los mayores. Aunque Prensky hacía estas consideraciones desde el mundo de la educación y las refería a la brecha digital que se había abierto entre las generaciones jóvenes y sus profesores, pueden ser de utilidad estos conceptos para comprender cómo viven las nuevas tecnologías niños y adolescentes desde el punto de vista de los adultos.

Parece irreversible el proceso que ha llevado a las jóvenes generaciones a protagonizar en primera persona la revolución que ha significado el desarrollo de las TIC. Los adultos han intentado adaptarse a esta nueva situación, con mayor o menor éxito, pero sin llegar a comprender, en muchos casos, que niños y adolescentes puedan estar atentos en forma simultánea a las diversas pantallas a las que tienen acceso y que su forma de pensar ha cambiado en relación con los jóvenes de anteriores generaciones, convirtiéndose en la denominada generación interactiva.

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