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Para muches no ha sido fácil adaptarse al nuevo formato educativo de clases online. Y claro! Es una nueva forma de enseñanza-aprendizaje, para la cual no estábamos preparados.

Previo a la cuarentena y este nuevo “estilo de vida”, la educación en nuestro país y a nivel mundial, ya representaba un alto impacto en términos de promoción a la desigualdad social, marcando fuertemente la ausencia de aprendizajes significativos y adaptados al contexto cultural de cada estudiante.

El aumento en los factores de riesgo y el resultado de la interacción dinámica de múltiples factores, como la falta de implementación en los hogares más pobres del país y el sinsentido del proceso de estudio, ha dejado afuera del sistema educativo a miles de estudiantes proyectando las cifras a 264 mil niñes y jóvenes desertores del sistema educativo (Fuente La tercera).  Para hacerse una idea de la magnitud del fenómeno, esto equivale a que todos los alumnos de las regiones de Atacama y La Araucanía, o que todos los estudiantes de las comunas de Santiago, Maipú y La Florida, dejaran su colegio, la comparación permite dimensionar esta dramática situación de abandono.

Empatizar ante el hecho de que no todos los hogares cuentan con los espacios de estudio necesario para abrirse a un aprendizaje de calidad (hacinamiento, falta de luz, agua, etc) y mucho menos, cuentan con la instrumentalización necesaria para llevar a cabo dicho proceso (falta de computador, internet, accesorios tecnológicos, etc) resulta difícil de entender en pleno siglo XXI.

A esto se suma el hecho a la falta de mediación adulta en los estudios de niños y adolescentes. Muchos mapadres cesantes, buscan cubrir necesidades básicas de subsistencia, adultos analfabetos, sin poseer las herramientas necesarias para apoyar en los estudios, sumando también la ausencia emocional y espiritual en la crianza debido a múltiples factores., entre ellos, los antes mencionados.

De esta manera, se van sumando generaciones de estudiantes que no cuentan ni han contado con una educación digna y de calidad durante todo el periodo de pandemia vivido (y también previo a ella). Periodo, que por lo demás está lejano a terminar.  

Niños, niñas y jóvenes que, según su estrato socioeconómico, tienen la posibilidad de acceder o no al aprendizaje, completando sus estudios de manera irregular y sin profundidad, viviendo procesos inconclusos, alejados de sus pares y docentes, optando finalmente por desertar del sistema educativo.

De esta forma, una vez más, la educación acentúa la brecha de la desigualdad, demostrándonos que las posibilidades varían según el lugar donde vives, ingresos económicos, nivel de escolarización, etc.

Al contrario de la declaración realizada en noviembre del año 1989 en la convención sobre los derechos del niño y la niña por la ONU, quien declara en torno a la educación que todos los niñxs y jóvenes tienen el derecho a:

“Aprender todo aquello que desarrolle al máximo su personalidad y capacidades intelectuales, físicas y sociales.

Recibir educación. La enseñanza primaria debería ser gratuita y obligatoria para todos los niños. Todos los niños deberían tener acceso a la enseñanza secundaria” (fuente, Chile crece contigo 2020).

Aún, en Chile, podemos ver escenas tan dolorosas como la falta de acceso a la educación. Y a pesar de la existencia de un cuerpo de docentes comprometidos con su trabajo, dando lo mejor de sí día a día para lograr llegar de alguna forma a los estudiantes, los esfuerzos no resultan suficientes para lograr mayor equidad, demostrado la falta de políticas públicas reales que ayuden a disminuir el espacio de desigualdad, teniendo como resultado medidas (como las expuestas a continuación) desconectadas de las reales necesidades de gran parte de la población;

1) fortalecimiento del contacto con los estudiantes; 2) motivación y clases interactivas; 3) involucramiento de los apoderados; 4) trabajo colaborativo. (Ministerio de Educación, Practicas de prevención de deserción escolar en tiempos de pandemia).

Necesitamos lideres dispuestos a reflexionar día a día en torno al beneficio colectivo, sobre todo, de la población más desventajada, dispuestos a hacer cambios constantes en post de ser mejores ciudadanos para alcanzar un desarrollo social-cultural-económico-espiritual que permita a TODES disfrutar de los beneficios de vivir en un país “libre y democrático”.

Jessica Ortega Palavecinos

Mamá – Feminista– Docente- Terapeuta Holística

Fundadora Educasiente

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